Es la pregunta que siempre me hago. Y, casualmente, creo, he encontrado la respuesta a este mal que me atormenta. La cuestión inicial es… ¿qué me hace ser adicta a una serie?
No quería creerlo, en serio. Me negaba a aceptar los motivos por los que, consideraba y considero, no soy capaz de ser una serie-adicta común.
Normalmente nos atrae un poco de todo por igual el argumento, las tensiones, las tramas, las subtramas, los personajes…
Pero en mi caso es diferente… Y es que para que consiga ver una serie, sentirme cautivada por ella, necesito un motivo shiperiano.
Sí, señoras y señores, grandes y pequeños, animales y cosas… Soy shiper. No me avergüenzo de ello, en absoluto. Mis entrenamientos vía Disney me han preparado para serlo y para no sentir vergüenza ante ello. Pero si me “fasita” que no sea capaz de seguir una serie por un motivo aparte. Exceptuando House… bueno… no… lo de Cameron/House/Chase también me atraía… CACHIS.
Soy capaz de ver series malísimas siempre y cuando me atraiga la pareja central, siempre y cuando haya una relación que me guste. Sí… la UST (unsolved sexual tension) me es seriamente “adictiva”. Incluso la resuelta…
Y he llegado al origen de mi crisis de mi “enfermedad” (Nota: el ser shiper no es una enfermedad, simplemente la tomo como un sinónimo mal empleado).
Cuando era peque veía Dragon Ball, qué tiempos aquellos. Y desde los inicios quería que Bulma y Yamtcha estuvieran juntos. Craso error, amigos míos, me salió el tiro por la culata… pero, pese a todo, siempre mantuve la esperanza.
Luego Oliver y Benji. A mi me gustaba Benji, jejeje, no lo podía evitar. Pero yo quería que Oliver y Patty se hicieran novios (sí, era una niñita muy celestina…). Otro trauma infantil, porque, que yo sepa, no fueron novios, o eso no aparecía, vamos. No sé porqué Patty ponía tanto empeño… pero bueno… lo que hacían después de los partidos, o en su vida no televisada, se lo han quedado los guionistas.
La Guerrera Luna y el Hombre Enmascarado (Sailor Moon), Quimi y Valle (Compañeros… sí, la veía, jo, que nadie me juzgue…) Miki y Yuu (La familia crece), y otras muchas más que ya no me acuerdo…
Todo, hasta ese momento, era pura afición, algo de lo que no era plenamente consciente. Hasta que llegó Alias (y como no, el agente Vaughn). La complicada relación Syd/Vaugn se me hacía un hilo conductor brillante. Y es que, primero eso de que ella era agente doble y, claro, él su supervisor (a lo profe y alumna totalmente). Tabién ayudaba el tema de que Syd quería terminar con Sloane… Incluso el propio matrimonio de Vaughn… Obviamente, la trama principal (primera y segunda temporada) eran geniales. También soy defensora de la tercera temporada, aunque sé que hay quien discrepa. Diferente… sí, pero había tensión. De hecho me gustó más que la cuarta y la quinta.
Luego, se terminó. Pero yo ya era total y absolutamente shiper. Así que llegaron más enganches: Mujeres Desesperadas (la tensión Susan/Mike y el resto de las parejitas), Gilmore Girls (y el eterno Lorelai/Luke y mi predilección por el chico malo Jess), Lost (y el triángulo Jack/Kate/Sawyer), Battlestar Galactica (y esa atracción/repulsión Kara/Lee, además de la historia de Adama/Roslin), Bones (y la UST por excelencia, Booth/Brennan, así como Hodgins/Ángela), Pushing Daisies (y la preciosa y genialmente tratada historia de Ned/Chuck)… y podría seguir, pero nos aburriríamos.
Pero el tema es… ¿cómo he llegado a saber que no puedo ser serie-adicta? Porque hasta este punto he de decir que no hay tanta cosa “extraña”. Bien, aquí viene. No soy capaz de aguantar la tensión semanal. Por eso la mayor parte de estas series y otras muchas, las he visto mediante mi sistema: “pégate atracón/maratón” para ser feliz.
- Bones (3 temporadas en tres semanas, cortesía de mi sister).
- Gilmore Girls (7 temporadas – tras muchos intentos – en dos meses).
- Robin Hood (1 temporada en un fin de semana. De la 2ª los cinco primeros capis los he visto en un fin de semana, para luego seguirlo semanalmente, la tensión fue mala, menos al que sólo eran 13 capis por temporada… )
- BSG (2 temporadas en dos meses – decir que hay un lapsus de casi un mes entre una y otra debido a que la buena de Hormi me pasó la 2ª porque yo no la encontraba para bajar).
- Bleach (anime), enganche total y también por una pareja. Aviso, no es de parejitas ni nada de eso (no es como La familia Crece, vamos). Los 168 capítulos en tres semanas.
- One Piece, tambien anime, este cómico. También por tensiones, aunque según los autores, éstas, no existen (mentiiiiraaaa). 190 capítulos en 1 mes.
… y podría seguir… pero sería un aburrimiento… nuevamente.
La cuestión es simple: no aguanto la tensión, la espera semanal o, incluso, mensual (los seguidores de Bones me entenderéis). Por ello, en ocasiones, me espero varias semanas y “acumulo” capítulos para sobrellevar la tensión.
Vale, resulta paradójico pero… tiene una explicación que puede resultar… ¿lógica? De semana en semana, la tensión se calma con cuarenta minutos. Es decir, nuestro estado de “tensión” por lo que va a pasar se tranquiliza durante cuarenta minutos pues, luego, vuelven a dejarnos con las ganas. Sobre todo aquellas que tienen tan buen gancho que dices… “¿coooomooooooo? Nooo me lo pueeeedoooo creeeeeerrr”.
Pero de la manera en que yo lo hago es así. Me aguanto un mes, pues al pasar tiempo nos vamos olvidando de ello (gracias a dios existe una vida más allá de ser una serie-adicta, y tenemos más cosas en la cabeza)… así que la tensión que tengo es menor y cuatro capítulos son 160 minutos para disfrutar.
Vale, a quien le haya parecido una chorrada que levante la mano… Que levante la mano no que me tire el teclado, gracias…. Aunque si me tiráis ese precioso portátil que veo por ahí tan bien equipado en todos los sentidos… ¡se acepta!
Verónica Mars ha sido mi última “obsesión”. La empecé en julio. Diez capis en una semana, no está nada mal considerando que no tenia casi nada que hacer pues mis amigas aún no estaban en el pueblo. Después llegaron ellas y yo tenía ciertos problemas con mi portátil (bingo!! Ahora entendéis porqué quiero que me lancéis el portátil y no el teclado??). Total, que llevo quince días en Madrid y me la he terminado. Y trabajando, me refiero a que… sí tengo jornada laboral y algo de vida social… jajajaja. Además veo Sé lo que Hicisteis en el descanso del mediodía. Y duermo bien por las noches (salvo cuando ciertos personajes me lían…).
Cuando la veía, me di cuenta de la realidad de mi shiperismo. Es decir, los diez primeros capítulos pues, sí, me gustaba (y mucho, es una serie brillante, con tramas y argumento central muy bueno, todo se hila a la perfección en un trabajo más que excelente). Estaba en tensión de capi en capi, sobre todo por el caso. Pero lo llevaba… bien. En serio…
Hasta el capítulo de Logan en el que quiere saber más acerca de…. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII (hay gente que no ha visto la serie – ¿a qué esperáis? – y no seré yo quien lo destripe). Total, que yo no veía la “tensión”, es más, considerando la personalidad de Verónica y la carencia de personalidad de Logan pues… no sé, había candidatos mejores en aquellos catorce primeros capítulos. Vamos, que yo no veía futuro… Vale que los polos opuestos se atraen y esas cosas… pero no existía lógica… no, no, no señor… no la había… Me da igual lo que me digáis y me argumentéis.
Pero… Logan se “dejó ver” (vale, los guionistas lo “dejaron ver”). Y a pesar de que, incluso, en la segunda lo odiaba aún, (amor-odio se llama) pues… empecé a tenerle “cariño” y un poco de “lástima” y unas ganas enormes de abrirle la cabeza contra un bordillo, pero de eso hablaré en el resumen de Verónica Mars que estoy preparando.
Por dónde íbamos, ah… sí… Logan se “dejó ver”, con lo cual el momento en el que veía ese rifi rafe y esa tensión oculta… para mi fue demoledor. Nuevamente estaba enganchada a una serie debido a las tensiones de la pareja protagonista.
Desde ese punto, hace dos semanas (menos) pues mi shiperismo LoVe ha ido a más, y a más, y a más…
En mi defensa, señoría, añadiré que la trama ayuda a que no sea capaz de aguantarme, lo dicho antes, es una serie muy bien planteada…
Pero mi shiperismo ha vuelto a ganarme la partida y a desmontar todo lo que creía sobre mi criterio a la hora de ver una serie.
Me llamo Ere y soy LoVe, Syd/Vaughn, Booth/Brennan, Ichigo/Rukia, House/Cuddy, Izzie/O’Malley, Pete/Adison, Ned/Chuck, Nami/Zoro, Kara/Lee, Luke/Lorelai, Rory/Jess, (laaaaaaaaaaaargo etc.) shiper.
Gracias por leerme. ¿Algún consejo para superar mis problemas con las parejas? ¿Clínicas de rehabilitación?
El próximo día os contaré cómo me subía a una nube. Gracias por vuestra atención.
EREDY
Yo cuando el shipperio se me hace demasiado apra soportar, tiro de la Dra. Quinn. Ahí me dieron el shipper que yo quería sin hacerme pasar por 9 temporadas de UST (I hate you CC and Bellisario)
Yo tambien me considero Shipper aunque no llego al punto enfermo (como dice Natalia, de querer que a los [b]actores[/b] le vaya mal para que los [b]personajes[/b] acaben juntos.
En mi caso, si necesito ver la serie semana tras semana, sufriendo por la espera y tener ese “relax” de 45 minutos, aunque se me acumule algún capitulo, no puedo acumular muchos, la intriga me mata y necesito dosis semanal
Ser Shipper mola
, aunque hay Shipperíos que no molan, pero claro, eso ya es cuestión de gustos, hay gente a la que le encanta el Slash, yo por ejemplo lo detesto, me parece de un gusto realmente pésimo, y odio a Mery Sue porque digamos es invencible, es la más guay, la más guapa, la más de todo.
Luego hay parejas shipper que no sé te hacen sufrir, reírte, incluso llorar, sentir pena, que sientes sus vidas como si fuera la tuya propia pero siempre sabiendo separar lo que es ficción de realidad, algo que es necesario hacer, hay gente que desea con todas sus fuerzas que su pareja shipper favorita sea también pareja en la vida real hasta un punto tremendamente obsesivo y deseándoles que les vaya incluso mal con sus propias parejas.
El Syd/Vaughn y el Kara/Lee para mi son dos de los shipperíos más bonitos que han existido en la TV
y el de Faramir/Éowyn en un libro.